Enid Blyton
(1897 -1968). Hija de Thomas Carey Blyton y Theresa Mary, nacida Harrison (1874 – 1950), que se separaron. Publicó su primer libro, poético, Murmullos de niño (Child Whispers) en 1922. De 1907 a 1915 frecuentó la St. Christopher's School en Beckenham, donde fue siempre la primera de su clase. Adoraba el deporte y la literatura y despreciaba las matemáticas. Aprendió a tocar el piano, en lo que demostraba algún talento, pero dejó sus estudios musicales para formarse como profesora. Por cinco años fue institutriz en Bickley y Surbiton y consagraba su tiempo libre a la escritura. Tras la primera guerra mundial, (1924) se desposó con Hugh Alexander Pollock (1888 – 1971), un héroe de guerra que en lo civil trabajaba con su editor George Newnes. Vivieron en Buckinghamshire y finalmente adquirieron una propiedad, Green Hedges, en Beaconsfield. Enid tuvo dos hijas: Gillian Mary Baverstock (nacida en 1931) y Imogen Mary Smallwood (1935). A mediados de los treinta Enid sintió deseos de convertirse a la fe católica, pero renunció a causa de las renuncias que tendría que hacer en su vida. Dio sin embargo a sus hijos una educación religiosa. A comienzos del año 1938 su marido enfermó de neumonía y estuvo hospitalizado varios meses; Enid conoció a un cirujano, K. Darrell Waters (1892 – 1967); divorciada de H. Pollock en 1941, se volvió a casar en 1943. Entonces hizo tomar a sus hijas el nombre de Darrell Waters. Pollock, movilizado desde 1940, se volvió a casar a su vez. En el curso de los veinticinco años siguientes Enid publicó sus novelas más célebres y, tras la muerte de su segundo marido, la salud de la escritora se degradó muy rápidamente; aquejada de Alzheimer se internó en la clínica de Greenways (en Hampstead), y murió tres meses más tarde. Es una de las autoras más conocidas de libros para niños y jóvenes. Las ventas de sus obras llenas de acción y suspense superan los cien millones de ejemplares. Sus novelas de pandillas, combinan las aventuras más extraordinarias con espías, ladrones, casa deshabitadas, pasadizos secretos, internados repletos de niñas uniformadas y estiradas profesoras. Pero lo que ha quedado en la memoria de varias generaciones es el aroma de las meriendas genuinamente inglesas, con sus pasteles diversos y termos de té.
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